icono QUINTANALOMA
MENÚ
Inicio
El Pueblo
Historia
Visita virtual
Excursiones
Fiestas
Cómo llegar
Valle de Sedano
Noticias del Valle
Turismo rural
Asociaciones
Fotos
Zona Videos
Foro
Links

 

 

 

 

 

 

Historia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
Historia
Fiestas Tradicionales
Gente de Quintanaloma
Apellidos comunes de Quintanaloma
Anécdotas
Datos Demográficos
 
dfdsf
 
Historia
 
Siglo XVIII (Catastro de Ensenada)
 
Prehistoria

     Como es sabido, la provincia de Burgos ha sido a lo largo de la historia un espacio recurrente en el que han dejado su huella sucesivas culturas del pasado desde hace cientos de miles de años. Ahora bien, en nuestra comarca las referencias encontradas vienen a ser de grupos neolíticos que se instalaron por estas tierras hace unos 5500 años y que nos han dejado un buen número de monumentos megalíticos o dólmenes, grandes sepulturas colectivas construidas con enormes bloques de piedra.
     Siendo esto así, no es extraño pensar que grupos neolíticos pasaron por lo que hoy es Quintanaloma, pues el dolmen más cercano, el de Las Arnillas en Moradillo de Sedano, se encuentra a poco más de 2 Km. a la redonda.

    Según la página web de megalitos, que muestra información sobre "posibles dolmenes" de la provincia de Burgos, en el término de Quintanaloma existen 2 túmulos que permanecen inéditos, el de La Nava y el de Fuente Tistierna:
La nava
La nava de Quintanaloma y Moradillo de Sedano, situada al sur del Cerro de Villalta, es un camino natural que comunica el río Ebro con los altos de Poza de la Sal. Cerca del camino principal hay un túmulo, con una cabaña de pastor encima, sobre el que recientemente se ha colocado una alambrada que, momentáneamente, lo protegerá de otras agresiones.
 
 
 
Fuente Tistierna
La Nava que une Huidobro con Villalta es un lugar en el que hay varias manifestaciones tumulares. En Fuente Tistierna, cerca del manantial, se encuentra un posible yacimiento, sobre el que hay un paramento, que se ha visto afectado últimamente por una plantación de pinos.
 
 
Orígenes, siglos XI al XVI

     Bien poco se conoce sobre los orígenes de Quintanaloma, si bien, la primera referencia documental de la población la encontramos en el “Cartulario de San Millán de la Cogolla” referida al 1068. También se cree que se hace mención del pueblo en la “Carta de Arras del matrimonio del Cid” del 1074. En este documento se indican los bienes que Don Rodrigo da en arras a Doña Jimena en su matrimonio, entre los cuales se nombran unos que el Cid tiene en “Quintana Montana”, que suele identificarse con Quintanaloma. No falta quien niega esa identificación, pero los argumentos a favor de la misma son más consistentes.

     Se sabe también que desde finales del siglo X, Quintanaloma estuvo vinculada al alfoz de Siero, quedando incardinada posteriormente en la Merindad de Burgos con Ubierna, para venir a parar al alfoz de Sedano.

     En el Becerro de Behetrías de 1352, se indica que era un lugar de abadengo de la Orden de Santiago.

    El porqué del nombre del pueblo, se debe seguramente a la definición de un sitio que se asienta sobre un terreno determinado, pues “quintana”, que forma parte del nombre de otros muchos pueblos tanto de la provincia de Burgos como fuera de ella, según estudios de toponimia significa una finca, un lugar o incluso una aldea o una pequeña villa. Por otra parte, una “loma” es una colina prolongada o un lugar que sobresale entre las llanuras.

     Los estilos de construcción nos pueden dar también alguna información, pues parece que el ábside de la iglesia del núcleo urbano, que originalmente pertenecía a la desaparecida iglesia de Loma, correspondería al siglo XIII, así como la casa-torre fortificada en el núcleo urbano al siglo XV y la iglesia de arriba y la Fuente Vieja parecen ser del siglo XVI.

     Entre los siglos XV y XVII parece que el lugar tuvo cierto esplendor, llegando a contar el 1592 con 74 vecinos. Alcanzó entonces a ser el lugar de mayor población del Valle y la Honor de Sedano, pero a pesar de ello no encuentra ni hidalguías ni noblezas, pues aquí solo hubo trabajo sencillo de una agricultura escasa y una ganadería lanar abundante. Eran los tiempos en que la Mesta hacía de Burgos un centro comercial de primera magnitud. El 1613 el Recaudador del Consejo de la Mesta cuenta en Quintanaloma, aparte de los animales de trabajo, 3390 cabezas de ganado lanar. Sedano, el pueblo que le sigue en número de este ganado contaba con 1300 cabezas.

     Al menos desde el siglo XVI el poblado de Loma se ha considerado como parte de la misma entidad.

 
Ordenanzas del 1568

    En el archivo diocesano se conservan unas ordenanzas del 1568. Son bastante largas, por lo que solo incluimos una muestra de estas y a continuación un resumen y unas consideraciones realizadas por don Pablo.

   “En el lugar de Quintanaloma a veinte y seis días del mes de junio de mil y quinientos e sesenta e ocho años en concejo del dicho lugar estando juntos en su concejo nombraron a Pedro de la Calleja e a Pedro del Olmo vecinos del dicho lugar para que ubiesen de hacer e hiciessen regla e ordenança para el buen vibir y gobernacion del pueblo e de los vecinos que en el viben  e vibiran para siempre jamas los quales aceptando lo hicieron la ordenança en el tenor siguiente…

Contenido
1.- Se presentan normas sobre el concejo: su funcionamiento, los nombramientos que debe hacer (dos regidores, dos alcaldes, dos procuradores, dos alcaldes de la Hermandad,  dos cuadrilleros, dos mayordomos, dos recaudadores de los tributos del rey, dos apreciadores (tasadores)), la obligatoriedad de asistir al mismo y no ausentarse de él, la cortesía que se ha de guardar en sus sesiones, etc., etc. Sanciones notables para los que no cumplan bien.

2.- Se indican los días de fiesta que deben guardarse sin trabajar, aparte de domingos y otros días de fiesta en general:
sant Antonio del mes de enero, santa Agueda, el angel de la guarda, sant blas, sant Miguel de mayo, sant Juan de portalatina, sant Joan de ortega, santo antonio de Padua, sant Marcial, la visitación de santa ysabel, sancta marina, sant pedro, sant millan, la presentacion de nra. señora,  santa ana, san Joan e sant pablo, santa lucia e sancta elena e centola. La sanción para quien no las guarde es de sesenta maravedíes: “la mitad dellos para la lumbre del sacramento e la otra mitad para el concejo”. (La lumbre del sacramento es la lámpara del sagrario).

3.-Luego se presta mucha atención a dos puntos fundamentalmente:
a) La regulación  (y restricción) del uso de la leña y similares (aliagas, brezos, etc.: todo lo que se llamaba “hornija”, porque se usaba especialmente para los hornos).

b) La guarda del ganado.

Se nota que hay mucha preocupación por ambos temas. Hay que tener en cuenta que prácticamente el único combustible es la leña y hay demasiadas personas en relación con la cantidad de la misma.  En cuanto al ganado hay que considerar la abundancia de ganado lanar existente. Por ello llega a restringirse el número de cabezas que puede tener cada vecino: no más de 200. Si uno tiene más deberá buscar la manera de que no pasten en su exclusivo beneficio. Para ello las dará en aparcería (a medias) o buscará otras fórmulas adecuadas.

Consideraciones
Estas ordenanzas, así como otras costumbres, manifiestan una reglamentación de las cosas bastante ordenada. También encontramos costumbres que ponen de manifiesto “una especie de seguridad social”, como las “contratas”, las “huebras”, las “adras”, etc. En cuanto a las fiestas puede  parecer  exagerado el número. Hay que tener en cuenta que no había instituciones que regularan el trabajo y las vacaciones. La regulación existente provenía del campo de lo religioso desde siglos atrás. Desde este campo se habían convertido en días de fiesta, aparte de los domingos, numerosos días al año. En tales días no estaba permitido trabajar. Esto los convertía en las “vacaciones” de entonces. Como ello estaba “garantizado” de alguna manera por ser cuestión “de conciencia”, los poderosos se veían obligados a aceptarlo en  favor de los que dependían de ellos. Lo que la Iglesia había ido estableciendo lo van refrendando otras normas, como en el caso presente estas ordenanzas. Aunque ello tuviera un tinte religioso, no dejaba de tener también una consecuencia social. Advirtamos que si contamos los días de fiesta  (de origen religioso) al año más los que se establecen en estas ordenanzas se superan los treinta días de “vacaciones”. No era un mes seguido, pero era lo que les permitía descansar de vez en cuando. Necesitaban esto más que un mes seguido, ya que en las circunstancias de entonces  era más aprovechable y más beneficioso un día de descanso con cierta frecuencia. Lo que ha sido objeto de intensas y prolongadas reivindicaciones de diversas instituciones (grupos determinados, sindicatos, etc.) durante estos dos últimos siglos resulta que  de alguna manera nuestras gentes lo tenían por otro camino).

 
Siglo XIX

     El  “Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar” de Pascual Madoz, es un libro de 1850 formado por 16 tomos que describe todos los pueblos de España y sus posesiones. En este libro encontramos la siguiente descripción:

Quintanaloma: con ayuntamiento en la provincia, dio., aud., terr. y c.g. de Búrgos (7 leg.), partido judicial de Sedano (1 ½). Situado en un extenso páramo; su CLIMA es frío, sus enfermedades más comunes pulmonías y catarros. Tiene 38 CASAS distribuidas en los barrios de Quintana y Loma; la del ayuntamiento; escuela de primeras letras; iglesia parroquial (San Cornelio) con 5 beneficiados enteros y uno medio, y buenas aguas potables. Confina con Villaescusa del Butrón. El TERRENO es de mediana calidad y en parte de regadío. Los CAMINOS son locales: recibe la CORRESPONDENCIA de Sedano. PRODUCCIÓN: granos, legumbres, hortaliza, frutas y pastos; cría ganado lanar y cabrio y alguna caza. POBLACIÓN: 24 vecinos, 79 almas. CAPACIDAD PRODUCTIVA: 294,210 rs. IMP.: 28,718. CONTR.: 719 rs. 11 mrs.

 
 
1900-1940
Quintanaloma

     La vida en Quintanaloma no podía ser de otra manera que dedicada a las labores del campo y de la ganadería, pues no existía ninguna otra fuente importante de ingresos. La gente tenía que luchar día a día por subsistir con las dificultades que el clima y el terreno caracterizaban, una vida bajo mínimos ejemplificada con el alto índice de mortalidad que registraban los pueblos de la zona. Estas dificultades traerían consigo años después el abandono y la emigración hacía lugares con más oportunidades. Esta emigración, aunque ya se daba años atrás, pues algunos probaron suerte en América a finales del siglo XIX, acabó siendo definitiva en los años 60.

     Por estos años, Quintanaloma gozaba ya de electricidad, un privilegio que en pocas regiones de España se daba. Esta electricidad, se producía en el molino de Lagos, en Sedano, y llegó al pueblo en los primeros años del siglo XX. El consumo de esta fuente energética se pagaba en función del número de bombillas instaladas en la casa. El número de bombillas instaladas era controlado mediante unos limitadores.
A pesar de la temprana instalación de la electricidad, las carreteras tardaron años en llegar a Quintanaloma. Igualmente la conducción del agua no llegó hasta finales de siglo, pues por aquel entonces se iba a buscar por las fuentes del término. Asímismo, la ropa se solía lavar en Pozo Nuevo, en Quintanilla, en Ochadiego, en Fuente Vieja o en el Vallejo cuando se trataba de lana, pues todavía no se había construido el lavadero.

     Por aquellos años el pueblo vivió el momento máximo esplendor llegando a 250 habitantes según el censo del año 1910 que consta en el INE. Llegaron a haber tres cantinas a la vez y debido a la cantidad de niños que había en el pueblo se estuvo a punto de dividir la escuela para niños y niñas, que hasta entonces siempre había sido mixta. Además había cuatro hornos privados, que utilizaba toda la gente del pueblo pagando trigo a cambio. Para no coincidir demasiada gente en un mismo día, se pedían turnos para repartir su uso.

     Maestros nunca faltaron, hubo muchos y muy buenos. El maestro solía vivir en la casa del maestro o en alguna casa particular si prefería no vivir solo. También había un guarda de caza que se encargaba de dar el permiso a los cazadores para cazar, pues estaba arrendada y de lo contrario podían ser multados por él. Cuando venían los cazadores, los habitantes del pueblo que tenían escopeta iban con ellos.
     La tala de árboles para hacer leña se acordaba mediante una reunión vecinal con el fin de controlar la tala de los montes y el abastecimiento a las casas. Iba una persona por vecino y se hacían lotes que luego se sorteaban para hacerlo de forma uniforme y evitar protestas, aunque el alcalde y los aguaciles elegían el lote a dedo ya que se cuidaban de los montones de leña cortada. En algún periodo de tiempo hubo caminero, que se ocupaba de mantener en condiciones la carretera. También había cartero, que vivía en el pueblo y solía hacer la ruta Quintanaloma-Moradillo-Sedano-Gredilla, y por lo menos hubieron dos carpinteros.

     Otro personaje clave era el pastor. En el pueblo había uno para las ovejas, uno para los caballos y otro para las vacas, aunque solo hubo vacas al principio. Los pastores no eran del pueblo y cobraban trigo de cada casa en función del número de cabezas de ganado que tuvieran. Su contrato finalizaba el día de San Pedro. Por las mañanas el pastor pasaba por las calles tocando el cuerno y los vecinos soltaban las ovejas. Después la gente iba a trabajar al campo, donde se cultivaba avena, cebada, patatas y sobretodo trigo, todo ello de secano, pues se dependía únicamente de la climatología por la ausencia de río y la dificultad de conducción de agua hasta las tierras de cultivo.

     Durante el mes Junio, cuando los bueyes no trabajaban, cada día dos vecinos del pueblo llevaban a pastar todos los bueyes del pueblo (llegaron a haber unos 100 bueyes).

     En cada casa se solían tener gallinas para vender los huevos, cabras, ovejas y un cerdo para hacer carne y un caballo para transporte y ayuda en la trilla de cereales. Uno de los animales más importantes era el buey. Normalmente se tenía una pareja para los trabajos de labranza. A a principios de siglo también se utilizaban vacas para tirar de los carros. Durante el periodo de cosecha, transportaban el trigo del campo a las eras, donde se trillaba, y posteriormente se entregaba en los almacenes estatales de Sedano, donde también se llevaban los otros productos del campo. Se exigía que el trigo estuviera limpio de paja, humedades u otras semillas, sinó no se admitía. En los años de posguerra el Estado, por mediación de un funcionario, determinaba la cantidad mínima de trigo que se debía entregar, cosa que hacía objetivamente. Durante esos años existía el estraperlo, contrabando de trigo que se vendía a mejores precios. Los estraperlistas se lo llevaban en caballerías por la noche para no ser vistos por la Guardia Civil, que se lo requisaba. Durante la Guerra Civil obligaban a entregar carne, algún buey y ovejas que se pagaban entre todos los vecinos y que tenían que entregar en Burgos.

     Los bueyes eran un elemento imprescindible para las familias, pues representaban un valor importante en la economía de la casa y la pérdida de uno de estos podía afectar considerablemente la situación de la familia. Para evitar éstas circunstancias existía en la comunidad una “contrata” o acuerdo para ayudar a la familia afectada. Una comisión compuesta por dos personas nombradas por el Ayuntamiento se encargaban de valorar periódicamente los bueyes de cada vecino, éstos datos quedaban registrados en un libro de actas que se conservaba en el Ayuntamiento.
     Cuando se producía una pérdida de éstos animales, las personas de la comisión, se cuidaban de recaudar y abonar a la familia afectada el valor tasado del animal. Como todos los bueyes tenían un precio determinado, cada vecino pagaba la parte proporcional al valor de sus animales. De ésta manera se evitaba que una familia cayera en difícil situación económica, que a veces eran difíciles de recuperar.

     Los animales se solían comprar en las ferias de animales que se hacían en Sedano (en la orilla del río Sedanillo) donde se hacían tres al año, en San José, en Septiembre y en Noviembre. Allí sobretodo se compraban vacas y bueyes. Los bueyes también se iban a comprar a Ruerrero, Santander, por la gran cantidad que había.

     Sedano era el centro administrativo y económico de la comarca, y por ello contaba con gran número de servicios. Allí se encontraba el médico, el veterinario, el herrero, la farmacia, la peluquería, la modista, los comestibles, o las cooperativas donde se vendía el producto del campo entre otros servicios, no obstante, los pueblos estaban abastecidos por trajineros o comerciantes que pasaban a vender productos elementales para las familias. Entre otros, pasaban por los pueblos:

  1. El afilador, que solía venir en verano. Siempre eran gallegos.
  2. El trillero, que iba con un macho y un carro y vendía y reparaba trillos.
  3. El quincallero, que vendía agujas, imperdibles, material de costura como hilo y elementos de higiene como perfumes, jabón o cuchillas.
  4. El tendero, que llevaba telas, colchas, mantas.
  5. El hortelano, subía de Poza de la Sal y Sedano a vender todo tipo de hortalizas.
  6. El pescadero.
  7. El aceitunero, que también llevaba especies y tripas para hacer chorizos y morcillas.
  8. También se venían a vender productos tan básicos como el aceite o el arroz en tiendas ambulantes.

     A la hora de comprar, a veces se hacia un “trueque” intercambiando el producto que el trajinero vendía por otro producto que el comprador ofreciera a cambio, por ejemplo huevos. También pasaban por el pueblo a comprar pieles, trapos, suelas de zapatillas o quesos.

 
 
Loma

     Loma también gozaba de vida propia, pues había 14 o 15 casas abiertas durante los años 30, y seguramente, antes fue mayor ya que llegó a tener cura propio.
     La vida en Loma era similar; aquí también pasaban a vender los comerciantes, pues traían elementos indispensables para sus habitantes. La iglesia de San Andrés, el patrón del pueblo, estaba situada en el mismo centro del poblado. Esta tenía un campanario al que se subía por una escalera. Su ábside, que data del siglo XIII era el que hoy está en la iglesia urbana de Quintanaloma, ya que fue trasladado por completo en años posteriores. En la iglesia estaba el santo, San Andrés, y la Virgen del Rosario. También tenía una pila bautismal que, en parte, encontramos hoy día en la fuente de la plaza de la Fuente de Quintanaloma.

     Los lomeros, que así se llamaba a sus habitantes, se abastecían de agua en la fuente de Loma, de la que hoy en día se extrae el agua de Quintanaloma al lado de la cual estaba el lavadero. Por otro lado, no había ninguna cantina, se solían reunir en alguna cuadra a jugar a las cartas pero disponían de más hornos de uso privado que en Quintanaloma, pues existían hasta 4 o 5 hornos mientras que en Quintanaloma había 4.

     En cuanto al trabajo, los habitantes de Loma tenían un pastor independiente de Quintanaloma para sus rebaños de ovejas y cada pueblo tenía un terreno diferente para pastar. Los rebaños de Loma eran más importantes que en Quintanaloma ya que tenían más reses por vecino y disponían de mejores pastos, desde Valdeloma hasta Tistierna. Nevaba menos en invierno y podían pastar en el valle, de esta manera necesitaban menos piensos. También tenían vacas y su pastor vivía en Loma y luego pasaba a recoger las de Quintanaloma, haciendo el recorrido contrario por la noche.

     La administración local consideraba Loma como un barrio perteneciente a Quintanaloma, así pues, esta disponía de un regidor propio en Loma que se sumaba a los 2 regidores y el alcalde de Quintanaloma.

     Loma no disponía de escuela propia así que los niños debían desplazarse cada día para asistir a la escuela de Quintanaloma.

     Pero la actividad fue cesando durante los años 30, quedando apenas 4 o 5 familias a finales de la década. Después de la Guerra Civil, sobre el año 1956, Loma quedó totalmente abandonado al marcharse las últimas familias que vivían allí.

 
 
1940 - 1960

     Entre los años 1940 y 1960, la actividad en Quintanaloma empezó a menguar. Después de la Guerra Civil, la población fue disminuyendo sin prisa pero sin pausa, y poco a poco se fueron cerrando las casas. A mitad década de los 50, el poblado de Loma quedó ya abandonado, y las ruinas y la soledad fueron ganando terreno en el pequeño barrio. Entre estas ruinas destacaba la iglesia, la cual se había hundido conservándose únicamente el ábside, que data del siglo XIII.      Ante este desolador panorama, tuvo lugar un capítulo de valor y reconocimiento para la población de Quintanaloma, pues se decidió construir una nueva iglesia en el centro urbano del pueblo utilizando el ábside de esta descompuesta iglesia. Para ello se numeraron las piedras que lo conformaban y se trasladaron haciendo cuantiosos viajes de carretas cargadas de piedras y tiradas por bueyes. Posteriormente se montó el ábside, completándose la obra con la nave rectangular que encierra la iglesia.

     Pero esta no fue la única obra realizada durante estos años. Resulta curioso que la mayor parte de las construcciones realizadas durante el siglo XX se realizaran en vísperas de la emigración, pues un buen número de acciones, en lo que al tamaño del pueblo se refiere, se emprendieron durante estos años. Entre los años 50 a 55 se hicieron los hornos municipales, el lavadero más cómodo o la traída del agua al centro del pueblo (antiguos pilones de la plaza de la Fuente).

     El año 1954 se produjo el traslado hacia la nueva escuela, en cuyo acto de inauguración participó el Gobernador Jesús Posadas Cacho. Esta escuela destacaba por su amplitud y modernidad de las instalaciones con calefacción tipo glorieta que los alumnos mayores iban a encender con paja un rato antes de iniciar las clases. Además, la escuela contaba con una casa para el maestro.
     También existió durante unos años una escuela nocturna en frente de la casa-fortificada, que durante el invierno servía para la gente adulta como mantenimiento de los conocimientos aprendidos cuando eran jóvenes.

     Durante estos años también se hicieron las carreteras que comunican el pueblo. Sobre el año 1943 se hizo la carretera hasta el empalme con la que va a Masa. Cinco o seis años más tarde, se hizo el tramo hasta Moradillo de Sedano.

     Estas obras fueron posibles al esfuerzo de todos los vecinos, ayuntamiento y Diputación de Burgos, sin los cuales no se hubieran conseguido tantas obras a la vez. Cabe resaltar también que el ayuntamiento no cobraba impuestos a los vecinos sino que tenía unos campos propios de trigo y patatas trabajados por los vecinos y cuyos beneficios iban para el ayuntamiento como fuente de ingresos.

 
 
1960-1985 (El abandono)

      Los años 60 confirmaron la decadencia que el pueblo empezó a notar unos años antes. La masiva salida de la gente hacia ciudades marcarían el devenir del pueblo; una caída de la que ya no se recuperaría, al menos en cuanto a la población y movimiento se refiere. La mecanización del campo sumada a la industrialización y modernización del país, que trajo consigo cantidad de oportunidades en las zonas urbanas, determinaron el fenómeno de la emigración. Este fenómeno golpeó con virulencia el Valle de Sedano, que redujo en pocos años masivamente su población, pues mientras que en el año 1940 tenía 4.464 habitantes, en 1991 solamente componían su población 844 personas. Por todo esto, durante estos años la gente de Quintanaloma fue abandonando el lugar principalmente con destino a Bilbao, Barcelona, Madrid y Burgos, dejando un escenario bastante deprimente que, con el paso de los años se iría deteriorando.
 
     El cierre y envejecimiento de las casas reflejan este deterioro, así como la ermita de Santa Ana, que fue desmontada a finales de los años 70 quitándose su tejado para hacer reparaciones, quedando su interior y las vigas de madera expuestas al agua y la humedad que acabarían con ellas. También refleja esta decadencia la iglesia de arriba que, cuando el pueblo había quedado casi vacío, fue convertida en almacén de paja y forraje y en garaje para las cosechadoras, derribando para su acceso una de las paredes de la fachada. Además, fueron vendidas sus campanas para llevarlas a otro lugar. Unos años antes la iglesia había perdido también su retablo. Todo esto se hizo con permiso del obispado.

     A pesar de ello, durante estos años 60 se hizo la nueva instalación eléctrica y se fundó una cooperativa, que actualmente no existe, para organizar la siembra. Posteriormente, se hizo la instalación de agua corriente y red de desagüe.

     También cabe destacar las operaciones de entrenamiento con baterías de artillería que durante varios años el Ejército Español tuvo en el término de Quintanaloma, convirtiendo parte de sus tierras en un campo de tiro. Los soldados instalaban el campamento en la charca que hay en el cruce de la carretera de Quintanaloma con la que va de Poza a Masa, donde también hay una fuente. Las baterías se colocaban en el barranco que queda detrás y desde allí tiraban al cerro de Villalta donde actualmente están los aerogeneradores o molinos. Durante los días que el ejército hacía tiro, estos avisaban al alcalde, que decretaba el particular “toque de queda” para que la gente no fuera a trabajar por las zonas donde se practicaba el tiro y se cortaban las carreteras al tráfico.
     El pueblo no obtenía ningún beneficio económico por parte del ejército, si acaso sus habitantes obtenían su particular recompensa recogiendo con el peligro que conlleva, pues algún caso de estallido en las manos se dio, los proyectiles utilizados y restos de metales que después eran vendidos a un precio bastante notable, 5 pesetas el kilo. El metal amarillo era el mejor pagado y se llegaban a cargar carros de estos metales. Por otra parte, el término sufría los desperfectos que el entrenamiento ocasionaba, pues el paso de los tanques deshizo la carretera, fincas y paredes. A todo esto se le sumaba la incomodidad acústica tanto para animales como para personas debida al estruendo de los cañones que no solamente actuaban de día, sino que también iluminaban las oscuras noches y que los habitantes iban a observar desde las eras como si de fuegos artificiales se tratase. En una ocasión, un proyectil fue a parar a un colmenar situado en el Vallejo que quedó destrozado por completo.

     El año 1976, S.M. el Rey Don Juan Carlos I visitó Quintanaloma con motivo de las maniobras que el Ejército allí llevaba a cabo. El pueblo le obsequió con los quesos típicos del pueblo.

 
 
Actualidad (La recuperación)

     Quintanaloma, Primer Premio año 1996 Excma. Diputación Provincial conservación patrimonio Urbano Rural. Esta fecha marca un antes y un después en la historia más reciente de este pueblo que había sufrido una emigración tan grande.

    Tras años de decadencia y abandono, fue a partir de finales de los 80 cuando el pueblo empezó a resurgir gracias a las mejoras y reconstrucciones de sus edificios, casas y calles, muy notables en relación al número de habitantes y medios económicos de esta Entidad Local Menor. Durante todos estos años se ha recuperado la ermita, que había quedado durante años sin tejado, se ha restaurado la iglesia de arriba reconstruyendo la pared demolida y el tejado así como el campanario. También se han pavimentado todas las calles, resaltando la plaza de la Fuente como máximo exponente, además de las mejoras en el suministro de agua o la iluminación.

     Entre otras acciones tomadas, cabe destacar la restauración de la iglesia urbana así como la renovación de los bancos, la casa de los cazadores, la escuela como lugar para la celebración de eventos populares, teatrales o musicales, el club juvenil (antiguo horno) como lugar de encuentro y ocio para los jóvenes que veranean en el pueblo, el lavadero, las fuentes en todo el término, el polideportivo, el nuevo bar así como la reciente iluminación exterior e interior de la iglesia de arriba. Algunas de estas obras han sido realizadas directamente con las manos de las gentes del pueblo, que como antaño cuando eran mozos, en una segunda etapa de su vida han dado otra vez por su pueblo las fuerzas que les quedaban. Mejoras de la ermita, el horno o la escuela y otras obras se deben en gran parte a ellos.

     Toda esta mejora de infraestructuras y servicios ha traído consigo año tras año durante el periodo estival, la vuelta al pueblo de la gente que se vio obligada a emigrar en su día y que ahora vuelven a reunirse. El regreso de la gente y aunque solo fuera para cortas temporadas del año, ha venido de la mano de la restauración de las casas, elemento principal de vitalidad de este lugar. Las fiestas, también recuperadas, representan el máximo exponente de este reencuentro anual.

     La emigración trajo consigo el desmantelamiento y abandono, pero a pesar de ello, la gente de Quintanaloma, orgullosa de su pueblo y de su tierra ha sabido recuperarlo cuanto ha podido, y aunque algún elemento se haya perdido por el camino, gracias a ellos se presenta hoy un pueblo bien conservado que sirve año tras año de punto de encuentro y amistad.

 
 
Homenaje
      Concluimos la sección de historia con un extracto del libro Burgos, los pueblos del silencio de Elías Rubio Marcos para así dar un pequeño homaje a todos aquellos que han vivivo y viven en Quintanaloma y que han hecho posible que la historia de este pueblo siga aún viva.

     

 

Bendecían las casas, los aires y los campos.
Tocaban las campanas para alejar las tormentas.
Hacían rogativas para llamar a la lluvia.
Un ramo bendecido protegía sus cosechas.
Su reloj era el sol, las sombras y las campanas de la iglesia.
En el invierno se reunían en las cuadras.
Siendo chicos, por San Marcos caminaban descalzos.
Comían oveja y garbanzos el día de la fiesta.
Domingos y festivos bailaban al son de las panderetas.

Tenían dos sanmigueles, el tramposo y el pagador.
Por adra mantenían la taberna y daban hospedaje a los pobres.
Salían de vereda a limpiar caminos, arroyos y fuentes.
Durante meses la nieve aislaba sus pueblos.
Llevaban braseros a la escuela.
Iban en caballería en busca del médico.
Aseguraban sus bueyes en una minada.
Formaban cofradías para asistirse en los entierros.
En las reuniones a Concejo bebían vino en dos copas de plata.

Se bañaban desnudos con la rociada de San Juan.
Ponían cartillas para espantar a las brujas.
Creían que en la luna estaba la virgen hilando con una rueca.
Sabían que no hay sábado sin sol ni doncella sin amor.
De mozos se cortejaban en las fuentes.
Tenían tres jueves en el año que lucían más que el sol.
Ponían nombres a las estrellas.
Sentían pavor por el canto nocturno del búho.
Sus camas eran guardadas por cuatro angelitos.

Eran nuestros padres y abuelos.

 
 
 
 
 
© Quintanaloma.com